Nota biográfica - Paula Cancio
Nací en Palencia en 1976. Tras estudiar Filología Española y Periodismo en Valladolid, comienzo a trabajar con diferentes organizaciones no gubernamentales como el Movimiento contra la Intolerancia, Amnistía Internacional, Cives Mundi, Alter Vida o la Fundación Fundeso, colaboro con diferentes diarios como redactora en El Mundo de Valladolid, La Gaceta de Salamanca y Mujeres en Red y como documentalista en El Mundo del Siglo XXI y comienzo a escribir poesía, relatos y teatro. Parte de mis poemas están recogidos en la Antología de poetas palentinas Tanto que decir. Pueden seguirme en mi blog http://paulacancio.blogspot.com
¿Qué confusas sensaciones se esconden en nuestro alma? ¿Qué grandes escritores pueden encontrarlas? ¿Qué poemas, qué novelas pueden albergarlas? ¿Qué cigarro oscuro me ayudará a contarlas? Intelijencia dame el nombre exacto, y tuyo, y suyo y mío de las cosas*.
Toda la fama de los poetas se resume en unas flores en la memoria de las tumbas. Yo las visito como espíritu viviente y dejo un poco de tierra.
Es una tierna lumbre que dejan a veces tienes que bañarte en el mar para poder verlas. Se pueden profanar pasando páginas.
Alguna rellena un vacío inexistente que sólo poseía poesía para recoger tiempo perdido de amor y de injusticia. Las de artistas inermes que vivían a vida o muerte son las más escondidas tan recónditas, invisibles que hay que esforzarse para encontrarlas y una vez que las has visto, siempre vuelves a ponerles agua.
Ese rubio de cara pálida me robó el alma una noche de clara luna En un banco junto al río, En un balancín de inocente sensualidad. Cada lugar fue la nota de color de nuestra canción Aunque casi no supimos tocarla. Los lugares más propicios para los amantes Son los metros de madrugada. Qué mal estuve cuando se me escapó el último. Ahora me dedico a llenar ceniceros y páginas. Si es que puedo. Cada bocado de la noche es un tren que pierdo de tu boca. Y cuando mis pasos se te acercan es demasiado tarde. Tarde para volver a revivir segundas partes. Y pronto para saber si estaremos dispuestos a ser los mismos ahora. Atada de pies y manos, amordazada y con estopas en el alma Salgo a buscarte como loca. ¿y qué hallo? Carreteras secundarias.
Oh amigo, mi siempre gran amigo, Qué lejos te veo Desde aquí, lejos. Eres una muesca grabada a hierro en mi corazón cuando me pierdo. Una leve inclinación de tu barbilla hacia mi espalda. Tan sólo esa mirada cínica sobre mis palabras. No busquéis, amigo, más motivos.
Pasan los años y la vida que no tuviste Pasa en mí. Te veo en mis ojos, padre, En la chispa de su luz, En el brillo de la sonrisa que me encargaste repetir.
Te eché a un lado y te llevo dentro, O es al revés, ya no me acuerdo.
Hoy he pensando que iré a visitarte. Quiero ir a verte sola Como cuando me aupabas al llegar o si me quedaba dormida Como y donde no debía. Y me enseñaste a estudiar y a ser mejor A ser un buen trabajador. Lo que me pregunto, padre, Y si te hubieras atrevido a dejarme libre, veo que Sí, padre, más que los vivos Que me retienen aquí a la fuerza.
De qué sirve hacerse preguntas Que no puedes responder, padre, si vives Bajo tierra. Cómo sería mi vida en tu presencia Es anatema, vives en mí.
Que no puedo dejar de escribir ahora. Os presento otra de mis geniales ideas, dedicada a mis colegas David e Isabel, bloguero frustado uno y recalcitrante la otra. Ellos saben por qué:
El monstruo urbano anda suelto
Su cuerpo lleno de cicatrices se hizo duro con cada extracción, transplante y costura consiguiente. Sus formas eran las de un hombre fantástico y verde que apenas sentía. Sus lamentos parecían una ópera alucinada escrita en un albarán de sentimientos. Quitaba y ponía lo que le faltaba. Llevaba las cuentas de las veces que le llamaban. Y como no eran muchas se quedaba solo en la caja de su casa. Cuando venían a verle sacaba sus garras por si le arrancaban sonrisas sin darse cuenta del engaño de esta puta vida alegre. Era bello en su monstruosidad tierna como una ballena perdida que sabe que la van a matar. Era lo normal.
He decidido desde este mismo momento que lo que deseo es que la gente me lea, que por esto se escribe en Internet, y lo demás son milongas. He pensado, quizá demasiado, cómo empezar este blog y lo mejor sin duda será ser directa y franca. No sabía muy bien por dónde empezar así que sin más os remito a una de mis poesías, fue una de las primeras, aunque apenas llevo unos años escribiendo. He de confesar también que la idea de este poema me la inspiró un antiguo noviete de la adolescencia que quizá me quiso demasiado y, queriendo tanto, decirme que nadie iba a vivir la vida por mí, intentando ser generoso me insufló este revulsivo vital que sigue así:
A Salvador Arroyo
Puede uno vender su alma. Uno puede equivocarse al depositar su confianza. Puede uno esconderse y llevar encima conflictos pendientes, ocultar crímenes y confesar bondades, tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol, cambiar el mundo, poner una vela, hacer milagros. Recorrer todo el orbe, negar la mano al hermano y no haber amado. Vivir la vida de otro, nadie puede.